Sostenida la respiración, granos de azúcar y arena, minúsculos trozos de cabello y herramientras ultra precisas de diamante conforman su mesa de trabajo. Allí, desde hace años Willard Wigan cuenta los latidos de su corazón antes de cada cincelada.
Porque este inglés que a los 50 pasó de artesano a caballero (una ironía de la movilidad social en la realeza), también devino en uno de los artistas contemporáneos mejor cotizados.
A medidados de 2007, el genial Willard Wigan, micro-escultor responsable de una saga de personajes famosos coronando cabezas de alfiler o fósforos, ganó notoriedad cuando recibió la orden del imperio británico.
Poco antes, la colección completa de sus piezas -que son visibles al ojo humano sólo mediante microscopio o el zoom de una cámara- fue vendida en más de 12 millones de libras. El comprador, ex tenista devenido en dueño de cadena de gimnasios, David Loyd tambiénse transformó en su representante.
En la ceremonia, el príncipe Carlos en persona lo definió como “fenomenal”, pero la notoriedad adquirida le trajo algunas sorpresas más: pudo recuperar tres piezas que habían sido robadas mientras las exhibía, hace unos seis años. La Torre de Londres, Jesús y Blanca Nieves y sus siete enanitos volvieron a él. Al museo, en realidad. Porque inmediatamente abrió una muestra en la Galería Eyestorm, al lado del Tate Modern, con entrada ultra exclusiva.
En los últimos meses ya recibió más de una oferta para llevar su historia a la pantalla grande. Por ahora, mirá el informe de ABC News: