Poeta, performer y
Gaby Bex cuando canta,
Gabriela Bejerman estrena nueva novela,
Linaje (
Editorial Mansalva), donde “crea un mundo encantado, de antiguo cuento de hadas, y también moderno y salvaje”, según reza en prólogo. Invitada a elegir
los artistas que más huellas han dejado en su sensibilidad y lenguaje, destaca cinco grandes autores, para descubrir, difundir y disfrutar.
1 - Georg Trakl
Fue un poeta austríaco que vivió sólo 27 años, como todos los mártires que idolatramos. Estudió farmacología para drogarse y la guerra lo mató. Además parece que cometió incesto con su hermana, lo cual inspiró el núcleo romántico-dramático-erótico de mi novela Linaje. Le dediqué el tema homónimo que aparece en mi disco Mandona y lo invoco cada vez que canto. Y viene.
2 - Delmira Agustini
Poeta uruguaya que increíblemente vivió los mismos breves años que Georg Trakl. A ella la mató un obsesionado ex. Fue la reina del modernismo rioplatense, un strange attractor de “maléfico encanto”. Una vez hice una gran fiesta en casa de mis padres y recité su icónico poema
“El cisne” con un ave inflable entre mis brazos. Al final del poema me tiré a la pileta y el poema hizo splash.
3 - Marosa Di Giorgio
Mi musa, mi madre poeta, casi me desmayo cuando me dijo que le gustaba mi poesía. Me dio a luz, me dio luz, me enseñó que la poesía es lo que uno inventa, la voz que uno desea ser y hacer escuchar. Construyó un mundo propio, fuera del tiempo, y con un erotismo explosivamente inverosímil.
4 - Vladimir Nabokov
El gran novelista del siglo XX. De Rusia a EE.UU., no es sólo Lolita. Su novela Ada o el ardor, es uno de mis libros favoritos y lo recomiendo a los valientes que se atrevan a penetrar en sus incansables páginas de prosa finísima, profunda y estimulante. Otro pilar de Linaje, por el amor familiar que apasiona.
5 - Felisberto Hernández
Mi gran amigo uruguayo. Mejor que no me enamoré, porque parece que a las muchas mujeres de su vida no las trató tan bien como a los personajes y objetos de su narrativa. Su obra está siempre dispuesta a abrirse, como un amigo con ganas de charlar tomando mate en el umbral de una vieja casa de pueblo, en un verano silencioso e íntimo. Era pianista, y esa delicadeza dactilar construye las minuciosas revelaciones que despiertan los lúcidos sueños de un mundo microscópicamente vivo.