El
street art como manifestación ha existido lo suficiente para volverse convencional. Para romper con la monotonía llegan las nuevas ideas, como la de
D. Billy,
un artista que retoma los globos del imaginario infantil para incluirlos en sus intervenciones callejeras. Una obra de tal ternura y elegancia que
en lugar de aplicar sanciones, las autoridades de Nueva York sponsorean.